Discapacidad en Chile Rehabilitar el corazón y la voluntad Son miles las personas que desde el mundo de la discapacidad esperan un cambio de actitud y una rehabilitación verdadera de la sociedad. Por Giselle Vargas
“Gracias a ti podemos seguir” fue el lema con el cual los chilenos se unieron a la campaña de la Teletón 2008. En ella, y como es de costumbre, rostros de televisión y del ámbito artístico, testimonios conmovedores de algunos beneficiarios y de quienes hacen posible esta causa animaban y removían la conciencia colectiva.
Recaudaron poco más de 16 mil millones y medio de pesos. Y las palabras que confirmaban la meta fueron “Nos hemos rehabilitado”. Una frase que tiene un trasfondo muy profundo y que involucra al país, a ciudadanos y personas que en fraternidad rehabiliten sus actos de egoísmo y discriminación y los transformen en un compromiso real de trabajar cotidianamente por la igualdad y la integración de aquellos que tienen algún tipo de discapacidad.
Rechazo social
En Chile, existen cerca de 2 millones y medio de personas con capacidades diferenciadas. Cifra que no se ve, porque la mayoría de los niños, jóvenes y adultos se encuentran obligatoriamente relegados a tener una vida pasiva en sus hogares o centros de atención.
No existe infraestructura adecuada, no hay adecuación de diversas áreas en las cuales podrían integrarse, no hay inclusión de quienes hacen sociedad; en resumen son “personas problemas”. Pero hay quienes tienen otra mirada, una vocación que contribuye a sensibilizar y educar permanentemente las actitudes de las personas.
“Tenemos una actitud inclusiva y un trabajo proactivo que consiste en acoger a todos quienes deseen luchar por sus derechos, para que trabajen codo a codo con nosotros; no de aquellos que solamente quieran compartir nuestro discurso y difundirlo”, es la afirmación que Natalia Vigoroux comparte acerca de su labor.
Natalia tiene 24 años, estudia terapia ocupacional en la Universidad Andrés Bello y participa de la fundación Habilitar. En ambas actividades intenta participar desde la habilitación, rehabilitación e inclusión social, a través de la creación de instancias motivacionales y la evaluación e intervención de los elementos que afectan o favorecen el tema.
“Permitir la movilización en lugares públicos, poder estudiar, el no ser mirados como fenómenos, reservarles el asiento de la micro o estacionamientos y eliminar la cultura del “pobrecito” permiten una sociedad más justa e igualitaria, donde al fin se logre admitir que todos somos igualmente diferentes”, agrega Natalia.
Quien aprecia esta misma situación y habla desde la experticia es el presidente de la Fundación Nacional de Discapacidad, Alejandro Hernández. El llama a dar un enfoque social basado en los Derechos Humanos junto a una adecuada legislación.
“Es preciso mirar más allá de las estadísticas, las cifras y los denominados ‘individuos’ para adentrarnos en la realidad de personas, seres humanos, sujetos de derecho que requieren con urgencia que el Estado se encargue de poner en práctica, medidas de fondo para cubrir todas las áreas de la vida: protección y seguridad social, salud y servicios sanitarios, educación, empleo, vivienda, transporte, cultura, el ocio y el deporte”, agrega Hernández.
Desde 1995 está vigente la ley 19.284 de "Integración Social de Personas con Discapacidad" norma que permitiría velar por el efectivo el ejercicio de los derechos. Pero, la realidad dista mucho de la normativa. Los discapacitados, son el grupo más discriminado y los ejemplos abundan. Si sumamos a ello, la carga emocional, el estrés y complicaciones que conllevan los cuidados hacia estas personas suman y siguen las exclusiones.
Capacitados para amar
Paula San Martín (28) es profesional de Educación básica y también vive muy de cerca el tema de la discapacidad. Su hermano Andrés tiene un trastorno en el área del lenguaje y esto ha permitido que reciba una doble satisfacción pues conjuga su vocación de educadora, la discapacidad y la Fe.
Todo comenzó cuando años atrás Paula acompañaba a su hermano a los encuentros de catequesis. “Me fui encantando hasta que me quedé a participar de lleno y me integré a la catequesis especial para preparar a otros niños y que recibieran el regalo de los sacramentos”, comenta Paula.
De esta forma, cada sábado en la parroquia Inmaculada Concepción de Maipú se reúnen unas 10 personas junto a las tres animadoras; las que a través de materiales didácticos preparan a personas discapacitadas de distintas edades, para los sacramentos de confirmación y primera comunión.
“Es un tiempo enriquecedor donde ’nos preparamos juntos’. Digo esto porque es una enseñanza mutua, donde más que entregar son ellos los que entregan, nos llenan el corazón, nos enseñan a valorar la vida de una manera sencilla, a aprovechar cada minuto y sobre todo a dar las gracias por el regalo de cada momento”, agrega la educadora.
En estos ambientes, cercanos y fraternos, no existen mayores diferencias para las personas con discapacidad. Pero es más allá del círculo cercano donde se encuentra el problema. Allá ‘afuera’ donde hay un mundo competitivo, hostil y agrio. Por ejemplo Paula, igualmente reconoce en el área educacional un sesgo discriminatorio.
“La mayoría de los profesores no ve con buenos ojos la integración. Prefieren separar las escuelas "normales y especiales". En cambio, otros se abren a la posibilidad de incluir en sus salas a niños discapacitados que pueden cambiar positivamente las relaciones humanas dentro del aula y del establecimiento, por sus características más humanos, más sensibles y más tolerantes al cambio”, afirma Paula.
Tanto Paula como Natalia se preocupan de trabajar y crear espacios que ayuden a las personas discapacitadas. En el desarrollo de estas labores, se han dado cuenta y han puesto especial énfasis en remover la conciencia social acerca de lo necesario que es la integración e inclusión.
Asimismo con su actuar no han delegado esta función en la sociedad sino que han comenzado desde su propia realidad. “No podemos quedarnos ahí, sólo con saber estas cosas e impresionarnos, sin hacer nada. Es tarea de todos y todas poner nuestra voluntad, capacidades y conocimientos al servicio de los demás, para el bien de ellos y de nuestro corazón”, concluye Paula.