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Elías Torres y Francisco Javier Gil
Diáconos en la Vicaría Pastoral Universitaria
Dos académicos del mundo universitario, recién ordenados diáconos, servirán con alegría y entusiasmo en nuestra Vicaría Pastoral Universitaria. En este reportaje te contamos sus historias de vida.
Por Marcela Maldonado


Elías Torres y Francisco Javier Gil, son dos hombres que tienen mucho en común. Ambos son padres de familia, han dedicado su vida a enseñar en la universidad, comparten la misma fe en Jesucristo, participaron de la Pastoral de Académicos de la Vicaría Pastoral Universitaria y recientemente fueron ordenados diáconos permanentes de Santiago. Su destino de servicio es la educación superior, donde ya llevan camino recorrido haciendo clases e investigación. Hoy día también se han comprometido a servir en la Vicaría Pastoral Universitaria.


Francisco Javier GIL:
"Los talentos están igualmente distribuidos
entre alumn
os pobres y ricos"

Desde hace 27 años que el profesor Francisco Javier Gill trabaja en la Universidad de Santiago de Chile. Comenzó haciendo clases en la facultad de química y hoy dirige el departamento de Bachillerato en Ciencias y Humanidades. Su trabajo en el último tiempo ha estado enfocado más bien a la investigación siendo su gran motivación el tema de la equidad en el acceso a la educación superior. Por eso no es de extrañarse que se haya embarcado en difrentes iniciativas tendientes a una dar mayores oportunidades a los alumnos de escaos recursos para su ingreso a la universidad.

Una de sus propuestas ha sido que las universidades usen el ranking de las notas del colegio como variable  de selección de alumnos y no solo el resultado de la PSU, el que depende mucho del origen socioecnómico del que provengan los alumnos. "Los talentos están igualmente distribuidos entre ricos y pobres, por lo que obviamente en todos los colegios hay jóvenes que tienen los talentos que se requieren para ingresar, estudiar y finalmente egresar de la universidad y estos jóvenes son, salvo excepciones, los estudiantes mejor evaluados de cada colegio".

En la actualidad don Francisco ha participado de un interesante debate público en torno al Aporte Fiscal Indirecto AFI, fondo dirigido a las instituciones que pertenecen al sistema de educación superior, cuyo criterio de distribución es la matrícula de los alumnos de primer año con los mejores 27.500 puntajes en la PSU.  Este año, el Ministerio de Eduacción ha decidido modificar la forma en que se entrega el aporte, agregando como criterio de entrega de los recursos las notas de enseñanza media de los alumnos. Don Francisco está a favor de esta iniciativa pues así menos estudiantes talentosos pobres quedarán excluidos de las universidades.

Su vocación al diaconado ha sido un regalo de Dios. Recuerda que un día uno de sus alumnos le preguntó si acaso era diácono. Esa palabra, desconocida hasta entonces, lo inquietó. Decidió conocer de qué se trataba esto del diaconado y decidió formarse para servir a la Iglesia desde el servicio que implica ser diácono.


Su vida de fe ha pasado de menos a más. Mirando hacia atrás se emociona al recordar un suceso particular que le mostro el rostro de Cristo con mayor magnitud y que lo hizo profundizar en su fe. En 1985, siendo profesor de química en la Usach, Francisco fue testigo de la presencia de Dios en el dolor y fragiliad humana. En ese entonces una alumna, Carmen Gloria Quintana, había sido quemada  junto a un muchacho que perdió la vida, durante una jornada de protesta en la Universidad. Fue un acontecimiento que lo conmovió y que lo hizo "compadecerse" ante el prójimo. "Fue un punto de inflexión en mi vida, realmente me encontré con el Cristo crucificado y descubrí el valor de la vida. Me descubrí dando consuelo a esos amigos, compañeros y familiares, pero era un consuelo con un sentido de trascendencia , de saber que no estamos solos por que Dios está más cerca de nosotros en el dolor".

¿De qué manera su profesión le ha ayudado a vivir su fe?

Siento que Cristo está en medio de los estudiantes, de aquellos que tienen dificultades para poder estudiar. Eso es lo que me motiva a seguir trabajando en esta área porque cuando se le quita un proyecto de vida a los más pobres, no se pueden desarrollar y se transforma en un problema colectivo y por tanto  existe el desafío ético de poder resolver esta situación.

Como diácono, el profesor Gil, sigue vinculado a la Pastoral presente en la Usach, trabajando en torno al tema de la equidad y calidad en la educaicón superior y sirviendo en su parroquia Nuestra Señora del Rosario, de la zona Cordillera.

Elías Torres

Diácono en la Universidad

Desde pequeño, Don Elías sintió que Dios lo quería para algo especial, no sabe muy bien cómo explicarlo con palabras, pero sentía algo así como una “luz interior”. Ayudado de monseñor Manuel Larraín, mons. Henríque Alvear y mons. Carlos González Cruchaga, supo discernir lo que el Señor quería para él.  “De todos ellos aprendí a conocer a Cristo, en quien centré mi espiritualidad, y eso es lo que yo trato de entregar también a los jóvenes universitarios, que siempre busquen al Señor”,explica.

Don Elías siempre fue una persona de fe. Al terminar la etapa escolar, en Talca, estaba convencido que quería ser sacerdote. Le contó esta inquietud a su director espiritual, don Manuel Larraín, quien  le aconsejó irse al seminario en Santiago. Allí estuvo 5 años, tiempo que le permitió profundizar en su fe y madurar su vocación, descubriendo que era otro el llamado del Señor.

Aunque su papá quería que estudiara mecánica, Elías estudió pedagogía en Filosofía en la Universidad de Chile. Paralelamente, y como forma de financiar su carrera y estadía en la capital, trabajó como inspector en el internado Barros Arana. Ese fue su inicio laboral en el mundo de la educación. Posteriormente fue profesor de filosofía en la Universidad de  Chile, en Talca.  Entretanto estuvo a punto de irse a España junto a los pasionistas, estaba listo para partir, sin embargo, su padre le hizo ver que debía pensarlo más antes de tomar una decisión definitiva. En ese proceso estaba cuando conoció a Gladys, una dulce joven talquina que lo cautivó. Se casaron, tuvieron dos hijas, maría Elisa y Paola,  emprendiendo una vida juntos no sin dificultades.

Uno de los episodios más importantes de la vida de Elías sucedió en momentos en que era director de desarrollo docente de la universidad de Talca. Era una época muy complicada en el país y don Elías sufrió una persecución política en su contra. Fue detenido en dos ocasiones pero gracias a Dios siempre pudo volver a su hogar. Pero después de un año viviendo bajo mucha presión y temor por su integridad y la de su familia,  se fue a España. Allí estuvo por cuatro años, “fue un periodo muy  difícil”, explica. Debió hacer frente al dolor de dejar el país, distanciarse de su esposa e hijas y de sus padres que estaban enfermos. Con su familia, que permanecía en Talca, sólo podía comunicarse a través de cintas de casette que se transportaban en viajes de amigos y cartas que aún conserva como recuerdo de una etapa importante de su vida.

La única forma que encontró para afrontar el sufrimiento de la partida a España fue la oración. Fue lo que lo mantuvo en pie, con la esperanza de que todo pasaría. “Creo que Dios me dio la fuerza y el valor para afrontar ese momento”. En España aprendió a usar el computador, una tecnología de la que Chile aún no sabía; aprovechó de estudiar un doctorado en filosofía y ciencias de la educación y participó en cursillos de hermandad. Todo esto, más la ayuda de algunos amigos hicieron que don Elías saliera adelante. Como hombre de fe, Don Elías mira su pasado doloroso con paz y confiado en el Señor. “Hubo gente que hizo mucho daño pero yo no soy quien para juzgar, eso lo hará Dios Él sabrá donde colocar su justicia”.

Regresó a Chile en 1988 enfrentando un panorama nada aupicioso. Había sido exonerado de la universidad en Talca, el empleo escaseaba pero gracias a sus amistades logró insertarse nuevamente en la enseñanza superior. Hizo clases en el Instituto Blas Cañas y luego en la Universidad Educares que pronto se transformó en la universidad Silva Henríquez donde conoció a los hermanos salesianos, entre ellos, el padre José Carraro su acompañante espiritual. También trabajó en la Universidad Católica y ahora imparte clases ética profesional en la Universidad Santo Tomás y de formación en valores en la Universidad Humanismo Cristiano.

Como diácono ambiental, servirá en la Vicaría Pastoral Universitaria de Santiago, donde ha participado por años en el grupo de académicos católicos. Actualmente colaborará  en  área de Pastoral Social de la VPU, asesorando algunos programas como “Encuentro en la calle” y  voluntariados de acción social. Sobre el diaconado explica que se siente feliz, “me siento totalmente pleno siendo diácono, siento que llegar hasta aquí fue como un largo camino, porque así lo consignó el Señor. Siento que con el diaconado se concreta un ciclo de servicio”.

 


Publicado el Miércoles 19 de Noviembre de 2008.
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