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Estudiar y ser mamá
La carrera por obtener el título de madre
Algunas estudiantes universitarias deben compartir la responsabilidad de sus estudios con la de formar a sus hijos. En este reportaje nos preguntamos cómo viven este doble rol
Por Aneliesse Oelckers


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“Mi primer año de estudio coincidió también con mi embarazo, fueron nueve meses en los cuales cargué con un embarazo catalogado de alto riesgo y que  sin embargo se desarrolló sin problemas, por lo cual no congelé mi carrera, sólo falté a clases una semana antes de tener a mi hija Amanda (2 años 7 meses)”, cuenta Maritza Quilaqueo, 25 años, estudiante de  icenciatura en Educación y Pedagogía en Francés, en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UTEM).

Desde entonces, Maritza comenzó su loca carrera -la misma que hacen a diario otras cientas de mujeres- para repartirse entre dos muy demandantes roles como son el de estudiante universitaria y madre. “Los primeros días corría para todas partes  lo único que quería era llegar temprano a mi casa para poder estar con mi hija”. Esta joven madre confiesa que esa aprehensión inicial le trajo problemas en sus estudios ya que, “muchas veces tuve que hacerme cargo sola de trabajos grupales para poder estar más tiempo con mi bebé, y a pesar de eso mis notas eran más bajas que las de mis compañeros, porque los profesores pensaban que yo no había hecho nada, que me quedaba con mi hija, y que mis compañeros se hacían cargo de mi parte del trabajo”.

Una responsabilidad adicional generalmente viene acompañada por un gasto extra y muchas de las madres universitarias además deben compartir su ya estrecho tiempo con algún trabajo que les permita palear, al menos en parte, los nuevos gastos de pañales, leche, pomadas, piluchos y controles médicos.

Mirando hacia atrás, Maritza comprende que el trabajo que implica ser madre en vez de ir disminuyendo, aumenta en la medida que los niños crecen. “Cuando estaba embrazada y durante el primer año de vida de mi bebé fueron tiempos mas fáciles porque a pesar de que yo tenía que trabajar, estudiar y ser mamá  Amanda se dormía más temprano y no me exigía tanto como hoy. Ahora ella quiere jugar y estar su mamá todo el tiempo”. Todo esto requiere obviamente de un esfuerzo aún mayor. “Son muchas las veces en que me he tenido que levantar muy temprano para estudiar, ir a la universidad luego trabajar y finalmente jugar con Amandita hasta altas horas de la noche y recién cuando ella se duerme puedo dedicar tiempo a mis trabajos  o a estudiar nuevamente”, explica.

Da la impresión que eres una “Chica Súper Poderosa”. ¿Cómo  cumples  con todas tus obligaciones, de dónde sacas tus fuerzas?
Mi hija es mi mayor alegría y es por ella también que en muchas oportunidades en que las fuerzas se agotan vuelvo a cargar las pilas para seguir adelante. A veces pienso que si ella no estuviera, estudiar no sería tan complicado pero tampoco sería tan gratificante y tan estimulante seguir adelante. Ella es, de todas maneras, el mayor incentivo para finalizar la carrera. Dentro de mi universidad y en mi carrera hay muchas niñas que como yo son madres y con las cuales he podido comprobar que para todas un punto en común para seguir estudiando son nuestros hijos 

¿Tus notas reflejan tu vida?Por ser madre existe cierta diferencia ya que no cuento con todo el tiempo necesario para poder estudiar y practicar una lengua extranjera como la francesa, eso me ha perjudicado un poco en mis notas de especialidad, sin embargo la brecha no es tan grande porque a pesar de todo siempre como estudiante uno trata de dar un 200 %, más de lo que daría cualquier persona pues además cuenta con el apoyo de una personita que necesita que una termine su carrera.


Volver a estudiar

La historia de Sandra Sáez, 41 años, empezó al revés. Luego de tener a su hija Millaray, que hoy tiene casi ocho años, decidió volver a estudiar. Hoy está recién egresada de la carrera de Orientación Familiar y está realizando su tesis.

 “El primer año fue muy difícil para mí. Estudiar, trabajar y ser mamá... Sentía que le estaba fallando  a mi hija, sin embargo, cuando ella estaba enferma  o me pedía que no fuera a clases  yo siempre estuve ahí.  Ella me esperaba despierta  todos los días, y nos quedábamos jugando hasta tarde. Para no quitarle los fines de semana a la Millarita, yo me quedaba estudiando mientras se dormía,” recuerda. A pesar de todas sus dificultades Sandra obtuvo muy buenas notas, lo cual la ayudó en tener más confianza en sí misma y en sus capacidades.

 “Ser madre ha sido sin lugar a dudas el mejor regalo que Dios me ha dado, me ha permitido dejar de mirarme a mí misma, abandonar  el egoísmo, para abandonarme a esta tarea de amor y crecimiento. Me ha hecho descubrir en mí enormes fortalezas. El verdadero amor está en Dios y en nuestros hijos, la verdadera felicidad  está en el perdón y en el rostro de mi princesita, la verdadera  paz está en la reconciliación con  Jesús y el rostro de mi hija cuando duerme”, y todo lo demás, los obstáculos, el cansancio, las dificultades económicas, todo queda en segundo plano, asegura Sandra.


Universidades con sala cuna y jardín infantil, ¿por qué no?


Así como Maritza y Sandra hay otras muchas estudiantes universitarias que deben compartir su tiempo entre ser madres, la carrera, e incluso un trabajo. La mayoría de ellas tienen que acudir a sus padres para cumplir con sus obligaciones, porque de lo contrario simplemente no podrían continuar en la universidad. Pensar en pagar una persona ajena que cuide a sus hijos es inviable para ellas, el dinero siempre es escaso y los gastos propios de un bebé y la universidad se lo prohíben.
 
Todo lo anterior, sumado a que cada vez se suman más madres a la universidad hacen pensar en la urgente necesidad de que las universidades y centros de estudios superiores cuenten con un servicio de guardería o sala cuna, para aquellas alumnas que son madres puedan estudiar con la tranquilidad de que sus pequeños hijos está en buenas manos.

 Esta idea ya ha sido aplicada en algunas casas de estudio. “Aunque en mi universidad (UTEM) existe una sala cuna para estudiantes, prefiero –explica Maritza- dejarla con mi mamá ya que la sala cuna no cuenta con una infraestructura adecuada para los niños y además se le exige a los padres turnarse para cuidar a los niños y ya no me queda tiempo nada”. Para Maritza las universidades deberían darle una solución a este problema, “pero no una solución parche como la sala cuna de mi U sino una solución real con personal adecuado para atender a nuestros hijos y con la infraestructura necesaria para su desarrollo y para que nosotras podamos quedarnos tranquilas de que nuestros hijos estarán bien”. 
 
Sandra por su parte asegura que si la universidades contaran con salas cunas para los hijos de los estudiantes sería un gran apoyo “e iría  en beneficio directo de la relación madre/hijo, puesto que en las horas sin clases se podría compartir  con los niños, podrían sentir que su mamá está cerca. Los peques demandan mucho tiempo, amor y dedicación, siento que los padres estudien  afecta la relación vincular con los hijos, desgasta a las madres, porque tenemos que ser buenas madres y buenas estudiantes, no se puede fallar un ramo, porque atrasa  el proceso, se invierte  más tiempo y dinero, uno vive en una constante tensión, cumplir primero  con los hijos, el estudio, el trabajo y el medio que a uno la rodea, pues hay  expectativas puestas en uno, y las propias también”.

Al final como sea, con o sin sala cuna, con más o menos sacrificios, con desgaste extra y un empeño único, ellas saben que la fuerza de ser madres las llevará finalmente a obtener el tan anhelado título de madre y profesional.


Amor Incondicional


Testimonios como los de Sandra y Maritza estimulan a muchas otras madres estudiantes a seguir adelante, dando lo mejor de sí a sus  estudios, a su proyecto de vida en el que el amor se da en una nueva  vida.  Nuestro Vicario, P. Andrés Moro comparte su mirada sobre el  ser madre en la educación superior. “El amor de madre es uno de los  bellos reflejos de ese amor incondicional de Dios. Es verdad que no  todas las madres son un reflejo de ese amor sobrenatural pero es  difícil pensar en otro amor que se le pueda mejor asemejar. La  maternidad, biológica o espiritual, es un regalo que hace surgir en  cada uno de nosotros lo mejor del ser humano”. Lee el comentario completo del padre Andrés Moro aquí.

 


Publicado el Martes 15 de Mayo de 2007.
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