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Artesanos de la Vida 2008
Esperanza, viaje infinito
La esperanza Cristiana es como una vela que es capaz de encender a otras y así iluminarnos cuando ya no veíamos nada en medio de la oscuridad. Éste fue el tema rezado y compartido por las pastorales universitarias en el encuentro Artesanos de la Vida.
Por Marcela Maldonado


“Un sufrimiento compartido queda traspasado por la esperanza, nos recuerdan las palabras del Papa Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi. La frase, revela la unión entre la experiencia de quien padece un dolor y de otro que acompaña y se hace parte de ese padecimiento. Esto, no hace otra cosa que mostrarnos que en el padecimiento el amor del Padre se hace evidente pues es quien ha querido sufrir con y por todos nosotros. Frente al dolor, el Papa invita a no dejarse llevar por el pesimismo y la indiferencia y define los lugares donde se puede aprender y ejercitar esta virtud: en la oración, la acción, el sufrimiento, el juicio y la Virgen María como modelo a seguir. Cada uno de ellos fue desarrollado en profundidad por la Vicaría Pastoral Universitaria en su encuentro anual con jóvenes “Artesanos de la Vida”. Ver galería de fotos

Testigos de Esperanza en el dolor

Es más factible que un mendigo de la calle sea tomado en cuenta que un drogadicto, “las personas drogadictas son como los leprosos del tiempo de Jesús”. Con estas palabras  Salvador Parra explica cómo era su vida cuando, sumido por una adicción de drogas, lo perdió todo, bueno, casi todo, porque la llama de la fe aún tenía fuerzas para iluminar su caminar. Su fe lo hizo salir adelante y dar un vuelco en 180 grados a su vida.

“La fe es lo último que se  pierde” es un dicho que bien podría aplicarse a la experiencia de Salvador. Comenzó a consumir marihuana a los 13 años y no paró hasta que a los 24 años tocó fondo y decidió pedir ayuda para salir de la drogadicción. Probó cuanto método existe, visitó médicos e intentó salir adelante a través de tratamientos diversos, sin
embargo y a pesar de ciertos avances, había una parte de la vida de Salvador que aún seguía enferma. Su alma. Si ninguna terapia había logrado alimentar ese vacío existencial sería Dios quien lo llenaría, pensó.  Por eso,  acudió al Padre Sergio Nacer, de la pastoral nacional de drogadicción y Alcoholismo. A esas altura el daño causado al interior de su familia, su relación con su esposa y sus hijos estaba muy deteriorada, pero él quería que Dios lo ayudara. “Lo que me quedaba de amor por mis hijos y mi esposa me hizo salir adelante. Empecé a participar de la comunidad que tenía el padre Sergio, se juntaban en una capilla bien humilde pero tenían harto cariño”, ese cariño le abrió un nuevo horizonte, había una luz que iluminó su alma y pudo rehabilitase, reconstruir los lazos afectivos y trabajar. Pero cuando todo iba bien, una fulminante pancreatitis dejó a su esposa con un 20% de posibilidades de sobrevivir. “En ese momento le pedí ayuda a Dios, había logrado salir de las drogas y ahora me pasaba esto, la verdad es que me entregué”. Luego de un mes en la UTI su esposa mejoró su estado de salud.

    Estudiar una carrera profesional es para muchos un sueño imposible, no por falta de ganas sino porque no siempre están los medios suficientes para financiar la universidad. Este pensamiento se paseó mucho tiempo por la cabeza de Marcelo Jara, solo que para él ese sueño “imposible” se volvió una realidad muy concreta y hoy ve los frutos. Marcelo nació y fue criado en un campamento de la población Lo Hermida. Su infancia y adolescencia tuvo mucho de sencillez y conciencia de que el esfuerzo de sus padres era el sustento del hogar, no alcanzaba para más. “Nunca pensé que podría estudiar, los recursos económicos en mi familia eran muy pocos y lo primordial era trabajar para tener ingresos extras”. Sin embargo tras hacer su práctica técnica se encontró con personas que le mostraron otro camino posible, el de estudiar y desarrollar sus talentos. Sin el dinero para pagar una carrera Marcelo decidió seguir Ingeniería Civil Informática. Su papá se opuso, el ingreso que Marcelo podía aportar al hogar trabajando con el título sacado en el colegio era mucho más necesario que la deuda que tendrían que  asumir con un hijo en la universidad. Pero Marcelo siguió adelante y se las ingenió como pudo para pagarse la carrera. Con ventas de cachureos en las ferias de su barrio logró sacar adelante su sueño. Hoy está casado tiene dos hijos y trabaja en
una empresa donde es valorado por su trabajo y entrega.
   

Las primeras impresiones suelen llevarnos a equívocos, prejuicios e ideas preconcebidas que no dejan ver con honestidad aquello verdadero y profundo. Contra esta ingrata tendencia ha tenido que luchar toda su vida María Paz Arcuch (37).  Pocas personas se imaginarían que tras su figura menuda y su rostro contorneado cada vez que pronuncia una palabra, vive una mujer con una fuerza interior que ya muchos se quisieran.

“Mi cuerpo es mi cárcel” explica ella cuando se refiere a los efectos físicos y psicológicos que le ha acarreado la parálisis motriz con la que nació. Muchas veces ha querido pararse, dar un paso, bailar, correr, subir un cerro y su cuerpo no le ha respondido. María Paz nació con esta enfermedad, pero aclara una y otra vez, que mentalmente no tiene ningún daño que la incapacite para aprender y tener una vida espiritual potente. Así lo hizo saber en la  entrevistas que tuvo que dar para poder ingresar a la universidad a estudiar derecho. Todos se preguntaban si realmente ella iba a ser capaz de estudiar una carrera tan exigente, ella estaba totalmente segura que así sería y tras catorce años se tituló. Pero no ha sido fácil, muchos dejándose llevar por la primera impresión le tenían lástima.
 
Cada una de estas historias, diversas en protagonistas y situaciones, tienen en común una experiencia de dolor que ha servido de aprendizaje y ejercicio de la esperanza, una de las virtudes y principio de la vida del cristiano, junto a la fe, la caridad y el amor. Testimonios de fe como los de Salvador, Marcelo y María Paz tocaron el corazón de los jóvenes en Artesanos de la Vida y los llevaron a buscar en su propio proyecto de vida aquella llamita de luz en medio de la oscuridad que es la esperanza y ofrecerla al Padre para su crecimiento.



La Oración como lugar de aprendizaje de la esperanza

La esperanza tiene algo de camino, nos lleva a la idea de futuro, proyección infinita y parte de un encuentro profundo con Cristo, por eso, junto al sufrimiento, la oración es también un espacio privilegiado para cultivar esta virtud. “Al contacto con Jesús se nos da una nueva vida, se despierta lo mejor de cada uno, abre un horizonte de posibilidades, nos llena de expectativas. La esperanza no algo que se arme en la cabeza si no que una experiencia de que Dios está incondicionalmente con nosotros y eso lleva a seguir la vida con expectativa y la oración es por tanto, el lugar en donde se mantiene viva, donde se cultiva la relación con Dios, donde se aprende de él, es el lugar en donde nos dejamos cambiar por él, es un diálogo en el que compartimos  lo que nos pasa y donde dejamos que sea su palabra la que nos guíe”, explicó  el Padre Fermín Marrodán en su exposición en Artesanos de la Vida.

Algunas claves para entender la esperanza cristiana desarrolladas durante el encuentro de oración se vinculan, en primer lugar, con vivir con profundidad, desde Dios y no desde nuestro punto de vista; ver lo imperceptible y por último,  aceptar la invitación de Dios a mantener el amor y los valores y sembrar, seguir adelante con esmero en difundir su palabra. La Virgen María,  Estrella de Esperanza, también  nos acerca a la esperanza con su propio modelo de vida marcado por un recto vivir. Suave y valiente; dócil pero enérgica, que del dolor sacó las fuerzas y en todo momento, incluso en la desolación, entregó un sí. “La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta” (Spe Salvi) en esa ruta de vida hay un personaje que sin duda nos ilumina  como luz de esperanza y es María.



Jóvenes Esperanzados

Ángela estudia música en la Universidad de Chile y como no existe pastoral en su facultad se unió como una integrante más de la Pastoral de Administración Pública. El estudiar en un ambiente poco dado a la fe es un factor de desesperanza para ella que incluso en algunos momentos la ha hecho dudar en su vocación. “El pensar que uno es demasiado diferente a tus pares o pensar que nunca vas a encontrar personas que me puedan entender en mi fe, es frustrante, pero escuchando los testimonios de Salvador, María Paz y Marcelo que han vivido tantas cosas fuertes uno siente que hay motivos para seguir adelante. Pienso que uno tiene que ir buscando por donde va caminando, en mi caso en la creencia católica y creo que el participar de este encuentro
de oración me llena de esperanza porque pude
compartir mi fe con otros. Ha sido hermoso. Me voy con mucha satisfacción, quería conocer y compartir con jóvenes que también buscan acercarse más a Dios”.

“El amor crecer cuando se comparte y la esperanza también y aquí en este encuentro he podido fortalecer y crecer en esperanza”, comenta Manuel, estudiante de ingeniería química de la USACH. “Me tocaron muchos de los temas del encuentro. En lo personal, yo espero con ansia poder terminar mi carrera, llevo más de cinco años y la verdad es que quiero mucho poder titularme, me han costado mis ramos, también he tenido dificultades económicas para continuar  y mi esperanza es el título, una meta cumplida y luego vendrá otro proyecto”.

 


Publicado el Martes 09 de Septiembre de 2008.
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Comentarios sobre este reportaje:
David escribió:
Hola a todos! Una experiencia realmente linda, llena de gente maravillosa (y/o jugosa... xD) Una forma muy bella de aterrizar la esperanza y de aterrizar un encuentro de oración en general. Ojalá sea el preludio de actividades mayores y mejores, en las cuales podamos como cristiano descubrir y dilucidar día a día el Reino, a través de palabras, gestos, sonrisas y ejemplos de vida. Cariños!
Escrito el 2008-09-10 00:45:02
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