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Cardenal Raúl Silva Henríquez a cien años de su nacimiento
El legado de un pastor
Libros, fotografías, estampillas, monedas y hasta una universidad lleva su nombre. ¿Quién es este emblemático personaje de la Iglesia chilena? Tres personas que lo conocieron nos hablan de su legado, vida y obra en el siguiente artículo.
Por Marcela Maldonado

El  27 de septiembre se celebró cien años del natalicio del Cardenal  Raúl Silva Henríquez, sacerdote salesiano, abogado de profesión, proveniente de una familia de Talca, que en 1959 fue nombrado obispo de Valparaíso y dos años más tarde asumió como Arzobispo de Santiago, sirviendo a la Iglesia y al país de una forma que marcó la historia de Chile. 

“La Iglesia nació en una familia pobre”, son las palabras que algún día le dijo el Cardenal Raúl Silva Henríquez al Padre Alfonso Baeza, ex vicario de la Pastoral Social y de la antigua Pastoral Obrera. El padre Baeza, al igual muchos otros chilenos recuerda a este pastor por su fuerte conexión con la realidad social en que le tocó servir, su especial preocupación por los más pobres y su férrea defensa de los derechos humanos. 

A Mons. Silva Henríquez le interesaba trabajar con las personas más excluidas, con los trabajadores cristianos y organizados, tarea que le encomendó más tarde al Padre Baeza a través de la Pastoral Obrera. “Yo creo que su sello se refleja en su lema episcopal La caridad de Cristo nos urge, porque lo urgían las necesidades de Chile. Además hay que considerar su formación espiritual salesiana y que la vida de su fundador, Don Bosco, un santo moderno y abierto a las necesidades de los más pobres, lo alentaron a pensar que la Iglesia no podía olvidar su origen humilde por lo tanto no podía estar lejos de los más pobres ni de sus necesidades”.

En febrero de 1962, Mons. Raúl Silva fue nombrado Cardenal por el Papa Juan XXIII. Luego  participó en el Concilio Vaticano II, que precisamente quería poner a la Iglesia Católica en sintonía con los nuevos tiempos que vivía la humanidad, esta instancia fue una fuente de inspiración para la obra pastoral del Cardenal en Chile, “el Concilio le dio esa idea de que la Iglesia tenía que movilizarse, que tal como lo decía Juan XXIII, tenía que abrir las ventanas para que entrara aire nuevo, por eso en su labor quiso contar con colaboradores muy conectados con la realidad social del país, como presidente de la Conferencia Episcopal sacó una carta sobre el deber social y político de los católicos haciendo un llamado a un cambio social ante la pobreza, por eso estimuló a comunidades de sacerdotes y religiosas a instalarse en las principales poblaciones de Santiago, convencido que la Iglesia estuviera cerca de la gente para ser signo de Jesucristo liberador, para ser servidora y comprometerse con la promoción humana”, recuerda Mons. Baeza. 

Otro recuerdo que tiene el Padre Baeza era el carácter directo del cardenal,“era un hombre que sabía escuchar, a quien se le podía discutir, era muy cercano, uno podía hablar con él con mucha franqueza, eso era muy gratificante y hacía que se le quisiera mucho más a  pesar de tener diferencias”. Con esa voz fuerte Raúl Silva le ordenó al Padre Baeza no volver de Paraguay en donde se encontraba para el Golpe de Estado de 1973 participando de una reunión del movimiento Obrero de Acción Católica MOAC. “Para esa época me encontraba fuera del país, en una reunión latinoamericana y el cardenal se comunicó conmigo para decirme que no volviera porque podía ocurrir algo. El padre Joan Alsina, sacerdote que vivía conmigo en la población José María Caro había sido fusilado en el puente Bulnes, por lo que la situación era bien insegura”. El padre Baeza obedeció y regresó casi un mes y medio después al país. 

En su labor como Arzobispo de Santiago Mons. Raúl Silva realizó importantes actividades como por ejemplo la Gran Misión y el Sínodo de la Iglesia de Santiago, también se organizó la Arquidiócesis en decanatos, zonas pastorales y vicarías, de hecho la Vicaría Pastoral Universitaria fue creada por bajo su mandato. Además se fundaron instituciones de formación religiosa, de promoción social, de defensa de la justicia y de los derechos humanos. 


Defensa de los derechos humanos...
El Cardenal Raúl Silva sentía los problemas de la gente y actuaba. Durante el gobierno militar y estando en antecedente de las violaciones que se registraban a los derechos humanos en Chile, decidió responder a la necesidad de defender la vida para lo cual en 1973 creó el Comité de Cooperación para la Paz en Chile, organismo que  entregó asistencia legal y social a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos y más tarde, en 1976, creó la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago, institución que vino a reemplazar al Comité y que continuó su tarea hasta 1992.

La asistente social María Luisa Sepúlveda, trabajó en ambos organismos. Como funcionaria le tocó atender directamente a las víctimas que llegaban en busca de sus seres queridos desaparecidos  y muchas veces tuvo que conversar con el cardenal para ponerle en conocimiento de algunos casos de tortura, muerte o desaparecimiento de personas. “Él era para nosotros que trabajábamos ahí una persona muy querida y muy temida, porque sabíamos que el estaba ahí encima de nosotros, pendiente. Pero mirándolo a través de los años, creo que a él le importaba enormemente resguardar la existencia de esta institución. A veces era muy difícil para nosotros que escuchábamos tanta brutalidad, tanto dolor, el no querer revelarse y exigir que esto no pasara más y el ponía entonces el criterio de poder seguir subsistiendo. Una de las cosas que le preocupaba era  que la institución no se expusiera, porque si eso ocurría tenía plena conciencia de que podía ser disuelta, lo que significaba dejar sin protección a la gente. A fines de 1975, cuando lo obligaron a cerrar el Comité, tuvo la sabiduría y valentía de crear la Vicaría de la Solidaridad, era un hombre que buscaba la justicia, tenía una gran sensibilidad para ver las situaciones vulnerabilidad, además él fue abogado lo que también marcó su vida”. Las Naciones Unidas reconoció la acción destacada en la Vicaría de la Solidaridad confiriéndole el Premio Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1978.

¿Recuerda algún caso que haya sido de especial preocupación para él?
Me acuerdo que los hijos de una pareja detenida en Argentina, habían sido dejados en una plaza en Valparaíso, terminaron en una casa de menores y luego fueron adoptados por un matrimonio chileno. El Cardenal ayudó a que buscáramos una solución en bien de los niños, que recuperaran a su abuela, pero que quedaran con sus padres adoptivos para que no tuvieran una segunda pérdida de padres y me acuerdo mucho de este caso, porque el Cardenal sufrió mucho con esto, lo vi llorar como pocas veces he he visto llorar a alguien.

“El tema de los derechos humanos, marcó mi vida.”, dice María Luisa quien luego de ser secretaria ejecutiva de la Vicaría de la Solidaridad, hasta su cierre, siempre estuvo vinculada a este tema. Fue Vicepresidencia de la Comisión Nacional de Prisión Política y Tortura y hace un año la Presidenta de la República le encargó intervenir en el Servicio Médico Legal para aclarar errores de identificación de cuerpos de detenidos desaparecidos exhumados del Patio 29 en el Cementerio General


“El Tío Raúl”
“Raúl amigo, el pueblo está contigo”. Esta frase coreada una y otra vez por cientos de fieles en la Catedral Metropolitana resuena con emotividad en la memoria de Claudia Silva, sobrina nieta del Cardenal. “Uno de los recuerdos más fuertes para mí fue cuando una vez con mi familia fuimos a una misa en la Catedral y a mi me quedó grabado cómo la gente le gritaba con tanto cariño al tío Raúl, ahí supe de que era una persona my importante en Chile”. Mons. Raúl Silva pasó a ser como un abuelo para claudia cuando su verdadero tata, el menor de los hermanos silva, murió. “Teníamos una relación muy cercana, con mis papás íbamos a pasar con el los veranos en Punta de Tralca, lo acompañábamos a las  misas y todo esto significó tenerlo muy presente en mi infancia y adolescencia. Era súper querendón y siempre estaba rodeado de mucha gente.

¿Con qué disfrutaba?
En su casa tenia pajaritos, le gustaban los canarios, las rosas y le encantaba la buena mesa. Recuerdo que cuando comíamos en su casa siempre había mucha gente en la mesa y las nanas de toda la vida, las cosas ricas.. era muy hogareño.   Siempre decía, Dios no me dio hijos, pero el diablo me dio sobrinos, estos sobrinos que siempre estaban alrededor de él.

¿Cuándo te diste cuenta  que tu tío era un personaje importante? 
Creo que fue en la época del plesbicito del sí y el no, que fue algo que marcó mucho en la cultura, fue un despertar. Ahí supe quién era el tío Raúl, supe de su importancia en la historia, a tal punto que salía en los libros del colegio y era capaz de convocar a multitudes que lo escucharan.

Claudia fue testigo de los últimos días del cardenal. “Todos los domingo íbamos a verlo a la casa de los salesianos donde se quedó finalmente. Cuando se enfermó, nos quedó la sensación de que era  como una velita que se estaba apagando y cada vez se fue haciendo más niño. Finalmente esa llamita se apagó pero para brillar después, porque luego de morir  sigue presente en nuestros días, incluso mucha gente que no es cristiana lo valora. Para mí particularmente es un ejemplo de cómo seguir a Jesús, de cómo encontrarse con el Señor, de cómo hacer verdad sus palabras”.

Más información en: www.cardenalsilva.cl


Publicado el Lunes 24 de Septiembre de 2007.
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Comentarios sobre este reportaje:
Elizabeth Valdes escribió:
100 años de historias y recuerdos... Personalmente creo que es una de las personas más importantes de nuestra historia. El Cardenal Silva marcó los corazones de tantos con el amor preferencial por los más necesitados... Hoy es un refrente para los jóvenes que buscan el bien común...
Escrito el 2007-10-01 10:09:11
Rodrigo Zambrano escribió:
Reportaje muy emocionante, debe ser porque mi esposa Claudia habla muy bien.
Escrito el 2007-10-01 10:08:03
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